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«42 Urduliz Bizkaia no es solo un lugar donde aprender a programar. Es un lugar donde descubrir de lo que eres capaz»

Camila Manrique Ruiz, estudiante de 42 Urduliz Bizkaia, comparte su experiencia en el campus y cómo el aprendizaje, la colaboración y los retos le han ayudado a descubrir todo lo que es capaz de conseguir

Hay historias que demuestran que el aprendizaje no siempre sigue una línea recta. La de Camila Manrique Ruiz, estudiante de 42 Urduliz Bizkaia, es una de ellas.

Su primer contacto con el campus llegó en 2021, en un momento en el que buscaba un nuevo rumbo profesional. Licenciada y con un máster en Finanzas, llevaba varios meses desempleada cuando una amiga le habló de la Piscina de 42, el proceso de selección para acceder al campus.

Decidió aceptar el reto. Tras semanas de esfuerzo, consiguió superar el proceso y descubrió que el mayor aprendizaje no estaba únicamente en el código.

«Lo más importante que aprendí no fue a manejarme en una pantalla negra. Aprendí que no estaba sola y que había un mundo de posibilidades para mí», afirma Manrique.

Sin embargo, apenas un mes después de incorporarse al campus, tuvo que dejarlo para incorporarse al mercado laboral.

Una segunda oportunidad

En 2025, después de convertirse en madre y tras varios años trabajando, decidió volver a 42 Urduliz Bizkaia.

Aunque sus circunstancias habían cambiado, encontró algo que permanecía intacto: el espíritu colaborativo y el aprendizaje entre pares que caracterizan al modelo pedagógico de 42.

«Volví a sentir esa misma sensación de compartir y colaborar con personas con las que quizás nunca coincidirías fuera de aquí», explica.

Mucho más que programación

La historia de Camila refleja una realidad que se repite con frecuencia en 42 Urduliz Bizkaia: personas que llegan para aprender tecnología y descubren también un espacio para crecer personal y profesionalmente.

Como resume la propia estudiante: «42 Urduliz Bizkaia no es solo un lugar donde aprender a programar. Es el lugar donde más he aprendido sobre mí misma y sobre lo que soy capaz de hacer».

Porque, en ocasiones, el mayor aprendizaje no está en las líneas de código, sino en descubrir hasta dónde eres capaz de llegar cuando te atreves a dar el paso.